La primera ola de preocupación por la IA empresarial fue sencilla. Simplemente eran empleados que pegaban datos confidenciales en herramientas públicas de inteligencia artificial. Los equipos de seguridad respondieron con políticas de uso, bloqueos de dominio y reglas de prevención de pérdida de datos. Esa respuesta tenía sentido en eseSeguir leyendo